Durante los años que duró mi doctorado, respecto a la experiencia de hacer ciencia en los tiempos que corren, llegué a la conclusión de que es una actividad muy entretenida. ¡Oh sí! ¡Cómo entretiene! ¡Entretiene! ¡Entretiene! ¿Pero qué más?…
ANEXO 2
EL FRACASO DE LA RAZÓN:
Una autocrítica como observador1
(1): El texto enmarcado dentro de este anexo número 2 no es de lectura obligatoria y no está sujeto a corrección por parte del Tribunal de evaluación de la correspondiente Tesis Doctoral, constituye simplemente la expresión de una visión personal que es volcada por escrito y compartida en esta instancia para quien tenga curiosidad de explorarlo.
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Índice
Introducción/prólogo...172
Paradigma científico: Una ciencia creada a imagen y semejanza de nuestra subjetividad no puede ser nunca objetiva…175
El escaso valor de un método estadístico...184
Las trampas del lenguaje...190
Las bases de un cambio...194
Nuestra percepción. Locura vs. Cordura. ¿Realidad o ilusión? ¿Percepción o alucinación? ¿Es el estado normal de cordura una cárcel para la consciencia, un “adaptógeno” para una sociedad enferma? ¿Es la locura un estallido de una consciencia más profunda e inabarcable que intenta despertar en un entorno deletargo y restricción?...200
La evolución existe pero no es Darwiniana...208
Capitalismo, elitismo y hermetismo científico. Un sistema que te lleva a “transar”: debate acerca de las implicaciones sociales...213
Materialismo mecanicista y determinismo biológico en detrimento del desarrollo del ser y de la consciencia...219
Las Academias deforman...226
Lo único que existe es la magia, todo lo demás son explicaciones parcializadas...234
Principal motivación para la escritura de este anexo dentro de mi tesis de Doctorado...244
Agradecimientos...249
Referencias...251
Anexo del Anexo 2...262
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¿Cómo interactúan las ideas? Existe algún tipo de selección natural que determina la supervivencia de algunas ideas y la extinción o muerte de otras? ¿Qué suerte de economía limita la multiplicidad de las ideas en una determinada región de la mente? ¿Cuáles son las condiciones necesarias para la estabilidad (o supervivencia) de tal sistema o subsistema?
Gregory Bateson
Admití la posibilidad de que nuestra visión científica actual del mundo resultara ser tan superficial, imprecisa e inadecuada, como muchas de las que la habían precedido en la historia
Stanislav Groff
yo pienso que la comprensión de algo, el entendimiento de un fenómeno ciertamente cambia las conductas de uno, cualquiera que sean las circunstancias, porque eso es conocer y conocer es hacer, de modo que el conocimiento significa un hacer siempre distinto a aquel en ausencia del conocimiento
Humberto Maturana
Existe todavía la tendencia a emplear la palabra ‘realidad’ con un halo de mágico confort
Arthur Eddington
No es saludable estar bien adaptados a una sociedad profundamente enferma
Jiddu Krishnamurti
El hecho es que existe un punto, un único punto en el mundo inconmensurable de la mente y la materia, donde la ciencia y por tanto todos los métodos causalistas de investigación resultan inaplicables, por motivos no solamente prácticos, sino también lógicos y seguirán resultándolo en lo sucesivo. Este punto es el yo individual.
Max Planck
La percepción sensorial nos señala que algo existe, el pensamiento nos dice lo que es, el sentimiento nos dice si es agradable o desagradable y la intuición nos dice de dónde viene y hacia dónde va.
Carl Gustav Jung
Introducción / prólogo
No podemos vivir eternamente
rodeados de muertos
y de muerte.
Y si todavía quedan prejuicios
hay que destruirlos
“el deber”
digo bien
EL DEBER
del escritor, del poeta, no es ir a encerrarse cobardemente en un texto, un libro, una
revista de los que ya nunca saldrá, sino al contrario salir afuera
para sacudir
para atacar
a la conciencia pública
si no
¿para qué sirve?
¿Y para qué nació?
Antonin Artaud
Ante todo, mi crítica es propia y tiene lugar como una autoobservación desde la posición que me tocó ocupar durante la experiencia de hacer ciencia. Se trata de un cuestionamiento a mí mismo como observador de mis propios actos y replanteándome en este proceso algunos puntos que considero fundamentales sobre las premisas en las que se basa la manera de construir conocimiento científico actualmente y hacia qué clase de futuro nos dirigimos.
En sus bases se encuentra la simpleza de no poder aceptar muchos de los hábitos instaurados sólo porque son la costumbre cultural de estos tiempos. Implica volver a traer a la luz la revisión de los mecanismos de nuestra percepción como medio de construir conocimiento (un recordatorio de la pregunta “¿cómo conocemos?”). También vale recordar algunas cuestiones básicas como cuál es el paradigma científico en que se basan las ciencias biológicas actualmente, y cómo se entreteje esto con el sistema políticoeconómico vigente. El planteo crítico desde este texto hacia la ciencia occidental actual es en su cimiento el mismo que hacia cualquier conservadurismo conceptual. Vinculado a esto último es que en estos tiempos el progreso científico no parece ir de la mano a un progreso cultural y social.
Yendo más a fondo, todo lleva a reabrir el debate acerca del importante rol que cumple el lenguaje como cimentador de confusión respecto a la percepción, aclarando que el uso verbal explícito que se hace en la elaboración de este anexo se da por estar inmerso este ámbito en un contexto que no sólo así lo permite, sino que además lo circunscribe a dicho recurso, sin por eso subestimar o desmerecer el uso de otras vías de transmisión de este mismo mensaje (arte, poesía, etc.), sino muy por el contrario enalteciéndolas.
Sabiendo que toda revelación que encierre alguna verdad se presenta en la historia repetidas veces sólo que con diferentes vestimentas, se enuncian entonces una serie de inquietudes respecto a los pilares fundamentales que rigen y construyen la forma en que concebimos actualmente el conocimiento científico y como consecuencia la sociedad, el mundo y el Universo en que vivimos, siendo plenamente consciente de que la discusión epistemológica que emerge de estos puntos no es una verdadera “novedad”, ni mucho menos. El texto citará a autores que vienen expresando visiones similares desde diferentes momentos de nuestra historia y puntos del planeta; enunciados científicos desde las primeras décadas del siglo XX hasta la actualidad llegando a las nuevas nociones científicas”, en paralelo a antiguos saberes de culturas antiguas.
Partiendo de la búsqueda de conocimiento como una característica inherente al ser humano (somos naturalmente científicos y artistas desde que nacemos al intentar respondernos preguntas cada vez más complejas con mayor creatividad respecto al Universo que nos rodea), lo que actualmente conocemos como ‘saber científico’ hoy se encuentra totalmente institucionalizado y habría que considerar un análisis sobre varios puntos en cuanto al modo y la orientación con la que esto se ha sistematizado. No sólo por su ‘academización’, sino por las consecuencias sociales que esto conlleva al establecerse ciertas pautas de índole dogmática.
Convencionalmente podemos dar por sentado que nuestra constante búsqueda de mayores conocimientos desde la ciencia continúa teniendo como fines principales tanto el adquirir mayor entendimiento sobre algún aspecto o foco de estudio en particular, como su aplicación en la resolución de algún problema o alguna necesidad dentro de cualquier esfera de nuestra vida (medicina, sociedad, tecnología, etc.). Es decir, se le asigna un rol utilitario al saber científico, y en algunos casos hasta llega a adjudicársele una misión emancipatoria, liberadora de problemas y facilitador del progreso para el bien común. Sin embargo, quienes nos encontramos generando el conocimiento formal, académico, científico, oficialmente aceptado y reconocido, desde adentro de las instituciones a cargo alimentamos un sistema que regula este conocimiento, sesgándolo mediante la objetivización de reglas subjetivas y arbitrarias que se estancan en dogmas, la aplicación de paradigmas antiguos ya superados, reduccionismo y sometimiento de los datos a métodos estadísticos (que muchas veces acarrean generalizaciones mal fundadas y errores). Todo ello durante el proceso de generación de este conocimiento, pero a la vez con la aplicación de una restricción para su libre acceso al privatizarlo y comercializarlo una vez generado. En otras palabras, su administración está privatizada.
Con un exceso de confianza en la supuesta objetividad científica muy a menudo practicamos un positivismo absurdo, cerrando las puertas a toda otra fuente de conocimiento (nuevo o antiguo) que no sea generado a través del método científico convencional. Llegan a negarse y rechazarse incluso, en muchos casos, conocimientos milenarios sólo por no haber sido ‘demostados’ por la ciencia oficial (tan reciente y “en pañales” en la historia de la humanidad), además de experiencias reales (pero “subjetivas”) de personas, sin advertir siquiera que estos conocimientos puedan ser igualmente válidos o incluso superiores en importancia, veracidad, utilidad y eficacia (si uno quisiera observar todo desde un punto de vista práctico), o como mínimo aceptables por provenir de un observador que constituye en esencia lo mismo que cada uno de los científicos.
Por esta negación a experiencias ‘subjetivas’ se desplaza la importancia del misticismo. Y todo acto que envuelve a uno en una experiencia mística constituye como tal un hecho intransferible y por tanto necesita ser experimentado por cada quien, no siendo suficiente un puro conocimiento conceptual, y por esto mismo el misticismo no se encuentra academizado y aunque algunas doctrinas religiosas intenten encerrarlo en un recuadro o templo sagrado, toda experiencia mística es personal y exenta de todo dogma. Por ello, este texto también intenta reivindicar el valor de la mística en la vida de los seres humanos como parte de ese único e irrepetible punto de vista en el que nos encontramos cada uno de nosotros como experiencia subjetiva, pero que alcanza la totalidad la abraza y la comparte en maneras no tangibles ni medibles. Enunciaba Albert Einstein: “a aquellos cuyo contacto con la investigación científica proviene principalmente de sus aplicaciones prácticas les resulta fácil hacerse una idea completamente falsa de la mentalidad de esos hombres que, en medio de un mundo escéptico, han sido capaces de abrir el camino a otros espíritus afines desperdigados a lo largo y ancho del mundo de los siglos.”
Si intentáramos hacer una breve retrospectiva desde lo poco que podemos conocer sobre los comienzos de la humanidad hasta nuestros días, en todo este tiempo transcurrido como Civilización / Cultura Globalizada, los métodos y teorías científicas para observar y estudiar lo que nos rodea fueron incrementándose y ampliándose en un gran espectro de diferentes enfoques. Pero resulta que no es sino cuando se mezclan cosmovisiones que rompen los paradigmas preexistentes cuando se producen verdaderos avances, ya que únicamente de ese modo se actualiza y transforma la manera de captar la realidad circundante.
En sus comienzos la ciencia se caracterizaba por una actitud de modestia consciente, limitándose a hacer afirmaciones sobre relaciones estrictamente limitadas, válidas sólo dentro del marco de tales limitaciones. Esa modestia se perdió en gran medida a lo largo del siglo XIX. Actualmente la ciencia se encuentra atravesando una transformación básica cuyo rasgo principal consiste en volver a su consciencia original de autolimitación. Otra intención de este texto es, por tanto, la de reforzar los argumentos perceptuales que nos recuerden esa modestia perdida.
Por último, se aclara al lector que se opta por no enmarcar este texto bajo los cánones de escritura científica sino más bien en el formato de ensayo libre cuasi literario sin estilo predeterminado.
En sus bases se encuentra la simpleza de no poder aceptar muchos de los hábitos instaurados sólo porque son la costumbre cultural de estos tiempos. Implica volver a traer a la luz la revisión de los mecanismos de nuestra percepción como medio de construir conocimiento (un recordatorio de la pregunta “¿cómo conocemos?”). También vale recordar algunas cuestiones básicas como cuál es el paradigma científico en que se basan las ciencias biológicas actualmente, y cómo se entreteje esto con el sistema políticoeconómico vigente. El planteo crítico desde este texto hacia la ciencia occidental actual es en su cimiento el mismo que hacia cualquier conservadurismo conceptual. Vinculado a esto último es que en estos tiempos el progreso científico no parece ir de la mano a un progreso cultural y social.
Yendo más a fondo, todo lleva a reabrir el debate acerca del importante rol que cumple el lenguaje como cimentador de confusión respecto a la percepción, aclarando que el uso verbal explícito que se hace en la elaboración de este anexo se da por estar inmerso este ámbito en un contexto que no sólo así lo permite, sino que además lo circunscribe a dicho recurso, sin por eso subestimar o desmerecer el uso de otras vías de transmisión de este mismo mensaje (arte, poesía, etc.), sino muy por el contrario enalteciéndolas.
Sabiendo que toda revelación que encierre alguna verdad se presenta en la historia repetidas veces sólo que con diferentes vestimentas, se enuncian entonces una serie de inquietudes respecto a los pilares fundamentales que rigen y construyen la forma en que concebimos actualmente el conocimiento científico y como consecuencia la sociedad, el mundo y el Universo en que vivimos, siendo plenamente consciente de que la discusión epistemológica que emerge de estos puntos no es una verdadera “novedad”, ni mucho menos. El texto citará a autores que vienen expresando visiones similares desde diferentes momentos de nuestra historia y puntos del planeta; enunciados científicos desde las primeras décadas del siglo XX hasta la actualidad llegando a las nuevas nociones científicas”, en paralelo a antiguos saberes de culturas antiguas.
Partiendo de la búsqueda de conocimiento como una característica inherente al ser humano (somos naturalmente científicos y artistas desde que nacemos al intentar respondernos preguntas cada vez más complejas con mayor creatividad respecto al Universo que nos rodea), lo que actualmente conocemos como ‘saber científico’ hoy se encuentra totalmente institucionalizado y habría que considerar un análisis sobre varios puntos en cuanto al modo y la orientación con la que esto se ha sistematizado. No sólo por su ‘academización’, sino por las consecuencias sociales que esto conlleva al establecerse ciertas pautas de índole dogmática.
Convencionalmente podemos dar por sentado que nuestra constante búsqueda de mayores conocimientos desde la ciencia continúa teniendo como fines principales tanto el adquirir mayor entendimiento sobre algún aspecto o foco de estudio en particular, como su aplicación en la resolución de algún problema o alguna necesidad dentro de cualquier esfera de nuestra vida (medicina, sociedad, tecnología, etc.). Es decir, se le asigna un rol utilitario al saber científico, y en algunos casos hasta llega a adjudicársele una misión emancipatoria, liberadora de problemas y facilitador del progreso para el bien común. Sin embargo, quienes nos encontramos generando el conocimiento formal, académico, científico, oficialmente aceptado y reconocido, desde adentro de las instituciones a cargo alimentamos un sistema que regula este conocimiento, sesgándolo mediante la objetivización de reglas subjetivas y arbitrarias que se estancan en dogmas, la aplicación de paradigmas antiguos ya superados, reduccionismo y sometimiento de los datos a métodos estadísticos (que muchas veces acarrean generalizaciones mal fundadas y errores). Todo ello durante el proceso de generación de este conocimiento, pero a la vez con la aplicación de una restricción para su libre acceso al privatizarlo y comercializarlo una vez generado. En otras palabras, su administración está privatizada.
Con un exceso de confianza en la supuesta objetividad científica muy a menudo practicamos un positivismo absurdo, cerrando las puertas a toda otra fuente de conocimiento (nuevo o antiguo) que no sea generado a través del método científico convencional. Llegan a negarse y rechazarse incluso, en muchos casos, conocimientos milenarios sólo por no haber sido ‘demostados’ por la ciencia oficial (tan reciente y “en pañales” en la historia de la humanidad), además de experiencias reales (pero “subjetivas”) de personas, sin advertir siquiera que estos conocimientos puedan ser igualmente válidos o incluso superiores en importancia, veracidad, utilidad y eficacia (si uno quisiera observar todo desde un punto de vista práctico), o como mínimo aceptables por provenir de un observador que constituye en esencia lo mismo que cada uno de los científicos.
Por esta negación a experiencias ‘subjetivas’ se desplaza la importancia del misticismo. Y todo acto que envuelve a uno en una experiencia mística constituye como tal un hecho intransferible y por tanto necesita ser experimentado por cada quien, no siendo suficiente un puro conocimiento conceptual, y por esto mismo el misticismo no se encuentra academizado y aunque algunas doctrinas religiosas intenten encerrarlo en un recuadro o templo sagrado, toda experiencia mística es personal y exenta de todo dogma. Por ello, este texto también intenta reivindicar el valor de la mística en la vida de los seres humanos como parte de ese único e irrepetible punto de vista en el que nos encontramos cada uno de nosotros como experiencia subjetiva, pero que alcanza la totalidad la abraza y la comparte en maneras no tangibles ni medibles. Enunciaba Albert Einstein: “a aquellos cuyo contacto con la investigación científica proviene principalmente de sus aplicaciones prácticas les resulta fácil hacerse una idea completamente falsa de la mentalidad de esos hombres que, en medio de un mundo escéptico, han sido capaces de abrir el camino a otros espíritus afines desperdigados a lo largo y ancho del mundo de los siglos.”
Si intentáramos hacer una breve retrospectiva desde lo poco que podemos conocer sobre los comienzos de la humanidad hasta nuestros días, en todo este tiempo transcurrido como Civilización / Cultura Globalizada, los métodos y teorías científicas para observar y estudiar lo que nos rodea fueron incrementándose y ampliándose en un gran espectro de diferentes enfoques. Pero resulta que no es sino cuando se mezclan cosmovisiones que rompen los paradigmas preexistentes cuando se producen verdaderos avances, ya que únicamente de ese modo se actualiza y transforma la manera de captar la realidad circundante.
En sus comienzos la ciencia se caracterizaba por una actitud de modestia consciente, limitándose a hacer afirmaciones sobre relaciones estrictamente limitadas, válidas sólo dentro del marco de tales limitaciones. Esa modestia se perdió en gran medida a lo largo del siglo XIX. Actualmente la ciencia se encuentra atravesando una transformación básica cuyo rasgo principal consiste en volver a su consciencia original de autolimitación. Otra intención de este texto es, por tanto, la de reforzar los argumentos perceptuales que nos recuerden esa modestia perdida.
Por último, se aclara al lector que se opta por no enmarcar este texto bajo los cánones de escritura científica sino más bien en el formato de ensayo libre cuasi literario sin estilo predeterminado.
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