Paradigma científico:
Una ciencia creada a imagen y semejanza de nuestra subjetividad
no puede ser nunca objetiva.
El saber es enemigo de la reflexión
Humberto Maturana
No me cabe la menor duda de que la mayoría de las personas vive, sea física, intelectual, moralmente, en un círculo muy restringido de la potencialidad de su ser. Sólo se valen de una porción muy pequeña de su conciencia posible (…) como si un hombre, de todo su organismo corporal se habituase a usar y mover solo el dedo meñique. (…) Todos tenemos, para recurrir a ellas, reservas de vida con las que ni siquiera soñamos.
William James
Felizmente, cada hallazgo improbable hace más probables los nuevos hallazgos improbables.
Marilyn Ferguson
Si las puertas de la percepción quedaran limpias, cada cosa aparecería como es: infinita.
William Blake
La travesía real del descubrimiento no consiste en buscar paisajes nuevos, sino en poseer nuevos ojos.
Marcel Proust
El estudio de la materia como algo muerto y totalmente separado del investigador, quien ve al mundo material como una multitud de objetos diferentes reunidos en un enorme mecanismo, ha permitido muchos avances en la vida cotidiana, en los descubrimientos de la física, y en el resto de las disciplinas, sin embargo en el transcurso del desarrollo posterior se convirtió en un obstáculo grave para la investigación y el progreso científico.
Stanislav Grof
Uno cree en las cosas porque ha sido condicionado para creerlas.
Aldous Huxley
La vida que cada uno de nosotros vive no es meramente una porción de la existencia total, sino que en cierto sentido es el todo; solo que ese todo no se deja abarcar con una sola mirada.
Erwin Schrödinger
En la realidad no hay fronteras.
Ken Wilber
Hay muchos mundos pero están en este
Paul Éluard
Hasta ahora hemos observado la materia como tal, es decir, según sus cualidades en un volumen determinado, como si fuera permisible romper un fragmento y estudiar la muestra independientemente de lo demás. Ha llegado el momento de señalar que dicho procedimiento no es más que una simple evasiva intelectual. Considerado en su realidad física y concreta el universo no se puede dividir a si mismo ya que, como una especie de átomo gigantesco, constituye en su totalidad lo único real indivisible. Cuanto más lejos y con mayor profundidad penetramos en la materia, gracias a métodos crecientemente poderosos, mayor es nuestra confusión ante la interdependencia de sus componentes. Cada elemento del cosmos esta positivamente entrelazado con todo lo demás. Es imposible fragmentar dicha red, aislar parte de la misma, sin que todos sus bordes se rasguen y deshilachen. A nuestro alrededor, hasta donde alcanza la vista, el universo se mantiene unido y solo hay una forma realmente posible de considerarlo, es decir en su conjunto como una sola pieza.
Theilard de Chardin
Cuando la investigación científica nos pone de lleno frente a los últimos fundamentos (…), descubrimos que el ser humano es una unidad profunda, de fe y razón, de ciencia y sabiduría, de filosofía y de poesía. La investigación científica, manteniendo su ámbito científico, no debe nunca olvidar esa dimensión múltiple del hombre, pues si la olvida, su castigo será la esterilidad.
Pedro Baquero Lazcano
Ningún conocimiento humano puede imponerse al hombre como autoridad absoluta, ni marcar pautas que signifiquen su existencia, sin que esto sea para él una certeza espiritual. Una de las características necesarias para el desarrollo de la persona es la libertad, la libertad de conocer y de significar el universo que habita. Todo tipo de totalitarismo que se interponga a este llamado genuino y personal obstaculiza el crecimiento de la persona, haciendo sombra a su existencia.
Roxana E. Asis
Dentro del marco general del pensamiento occidental, vienen planteándose inquietudes y cuestionamientos filosóficos que pueden considerarse antiguos ya, pero que sin embargo deben ser recordados y reivindicados en los tiempos actuales. Esto se debe a que luego de transcurrir varias décadas (e incluso siglos) el mundo ha cambiado lo suficiente como para que globalmente podamos haber alcanzado una cosmovisión de mayor amplitud a la que hoy tenemos, pero sin embargo en esencia el trasfondo de una falencia en nuestra visión científica continúa vigente como en sus comienzos.
Martin Heidegger, en ensayos como La pregunta por la técnica y Ciencia y meditación nos hace un llamado de atención sobre el hecho de fijar la mirada en el ES, no ya de una cosa particular y concreta, sino en el ES de toda cosa. Por ejemplo, preguntar a alguien: ¿Qué es aquello que se ve encima de la montaña?Respuesta: un árbol. Puedo seguir preguntando: ¿Qué es un árbol? Y de ahí saltar a la última pregunta: ¿Qué es ES o SER? En las respuestas dadas a esta pregunta consiste la historia de la filosofía occidental. “De la experiencia del olvido del Ser, ha surgido mi pensamiento”, decía Heidegger, invitando a retirarse de la presencia hacia la ausencia y sentando las bases de su deconstrucción conceptual. En el término griego opilanthanesthai está la raíz de la palabra clave de la filosofía griega Alétheia, vertida al latín por veritas, nuestra “verdad”. Con la traducción al latín de ese y los otros términos claves del pensar griego habría comenzado la falta de suelo del pensar occidental.
Probablemente en gran parte debido a estos débiles cimientos en los que se ha construido el pensamiento occidental, algo que ocurre muy frecuentemente en el ámbito científico es un estado de fijación paradigmática en el cual un investigador se siente incapaz de admitir ninguna otra teoría que no sea la que ya conoce y apoya, convirtiéndose en un “creyente” de cierto paradigma que ha adquirido para sí un poder de “verdad” o “ley suprema” incuestionable. “Pero si yo se, yo ya lo se…” es la tentación de la certidumbre, como bien expresa Maturana. Esto torna muy difícil la introducción de nuevas visiones, enfoques o contextos paradigmáticos que incluyan otras especies de información y que signifiquen un abordaje complementario para la totalidad de la realidad. En cambio, se asemeja más a un comportamiento de índole dogmática o religiosa que al empleo de un medio en el que volcar la curiosidad y avidez por descubrir y conocer con suficiente apertura la inmensidad de lo que nos rodea.
No podemos omitir el hecho de que toda definición, concepto o marco teórico aplicado a una investigación, compromete implícitamente una concepción de la realidad y de las divisiones que se hacen de lo que existe y lo que no, es decir un paradigma desde el cual se posiciona el investigador (sea éste consciente de ello o no). Así, la teoría predominante define no sólo lo que es el mundo, sino también lo que no es, determina lo que es posible y lo que en principio es imposible, define la naturaleza y la realidad, determina el campo problemático permisible, los métodos de enfoque aceptables y establece los niveles de las soluciones. Los datos obtenidos de este modo en el contexto de un sistema conceptual determinado, al intentar reducir el problema a una escala operable, no son independientes del sistema de supuestos teóricos y filosóficos de los que se parte para encarar tal estudio. Por consiguiente, el científico no puede evitar la introducción de un sistema de creencias en su área de estudio y esto se da con tanto empeño como en cualquier doctrina religiosa. El marco conceptual del que parte todo investigador se encuentra influenciado, además, por su educación básica y formación específica, su experiencia previa en otros campos, su personalidad e intereses particulares, sus valores y alcances filosóficos, factores económicos y políticos, etc. La realidad es extremadamente compleja y resulta imposible tratarla en su totalidad y por lo general los esquemas explicativos tradicionales en que se basa la ciencia poseen profundas limitaciones que no podemos dejar de considerar. La ciencia es incapaz de observar y tener en cuenta todas las variantes que intervienen en un fenómeno determinado.
Es ya suficientemente extensa y profusa la cantidad de bibliografía existente referida a la inconsistencia que caracteriza a los argumentos que defienden la supuesta objetividad del método científico. Excede los alcances de este anexo incluir una discusión minuciosa sobre el tema pero el presente texto expresa claramente la visión a la que se adhiere, citando parte de dicha bibliografía en la lista de referencias. En ella se plantea de diversas maneras la cuestión fundamental de conocer el conocer, de desmenuzar su proceso. Se vuelve fascinante darse cuenta que realmente no vemos lo que no vemos, no nos damos cuenta de lo que no nos damos cuenta. Para describir un hecho científico sería más apropiado utilizar el término “partícipe” en lugar de "observador”. El propio Erwin Schrödinger enunciaba: “la pura afirmación de que toda observación depende al mismo tiempo del sujeto y del objeto, por estar inextricablemente unidos entre sí, es apenas nueva: es casi tan vieja como la propia ciencia.” Así, la clave de la filosofía perenne, con la cual compartían visión muchos de los físicos que mayores aportes novedosos han hecho, afirman que el sujeto y el objeto se unifican. La acción física entre sujeto y objeto es siempre Inter-acción, es decir es siempre mutua. Ya algunos filósofos antiguos proclamaban lo que Heisemberg denominó principio de la indeterminación (de incertidumbre) y lo que Bohr denominó principio de complementariedad. De acuerdo a estos principios, el sujeto no puede conocer al objeto sin “interferir” con él. Al respecto, un extracto lleno de preguntas con ribetes poéticos resulta más que elocuente para desenmascarar a la ciencia en conjunto y mostrarla como un sistema cognoscitivo que engloba sus métodos y mecanismos como un fenómeno tautológico en sí mismo. En palabras de Rolf Behncke C.: “¿Cómo es posible que la conciencia humana pueda describir (con validez universal) su propio operar? ¿Cómo es posible que la conciencia pueda describir la actividad subyacente a la conciencia, y de la cual surge la capacidad del observador de dar descripciones efectivas sobre sí mismo, si no es posible tocar el mundo subyacente a la conciencia más que con la misma conciencia, con lo cual deja inmediatamente tal mundo de subyacer a ella? Si a esto se suma el problema del lenguaje, lo expresamos así: ¿Cómo puede la conciencia dar cuenta de sí misma en términos tales que esta explicación descriptiva tenga validez universal, siendo que los significados usados en el lenguaje son siempre generados en una cultura particular? ¿Cómo, entonces, pueden las afirmaciones sobre el operador del cual surge la conciencia, tener valor universal, esto es, valor transcultural, siendo que ya hemos visto que estamos imposibilitados de hacer uso del concepto de conocer “objetivo” independiente del observador, si queremos dar cuenta de nuestros propios procesos de percepción y conocimiento como seres observadores?, ¿cómo puede el águila de la inteligencia darse caza a sí misma en su reflejo?” Personalmente me encanta sintetizarlo de este modo: objetividad = subjetividad.
Se vuelve sumamente necesario enfrentar el hecho ampliamente estudiado de que la percepción es altamente selectiva. Las imágenes simples de los objetos no se proyectan con total claridad en una pantalla mental, donde uno simplemente los ve como son. El organismo es mucho más que una superficie lisa y blanca donde van quedando marcadas las impresiones del exterior. Sólo desde una aproximación represantacionista del fenómeno de la percepción visual uno puede simplificar toda la operación como una imagen retiniana que luego es transformada en el interior del sistema nervioso. Pero logramos despojarnos de esta idea simplista rápidamente cuando nos damos cuenta de que no hay secuencialidad, sino interacción y efecto mutuo entre múltiples partes cerebrales durante el proceso de percepción visual. Si quisiéramos ponernos detallistas en el proceso fisiológico (como si sólo esto interviniera en nuestra visión), por cada neurona de la retina que se proyecta a la corteza visual se conectan a esa misma zona más de cien neuronas provienentes de otras partes de la corteza. Incluso antes de llegar a la corteza, cuando la proyección de la retina entra al cerebro (más precisamente en el núcleo geniculado lateral del tálamo), convergen a este centro muchos otros centros con múltiples efectos que se superponen. Así es como la visión en color, por ejemplo, es literalmente una construcción sincrónica en la que las señales llegan en intervalos distintos y el organismo las une. “Nuestra experiencia de un mundo de objetos de colores es literalmente independiente de la composición en longitudes de onda de la luz proveniente de cada escena que miramos”, afirman Maturana y Varela; y continúan diciendo “No vemos el ‘espacio’ del mundo, vivimos nuestro campo visual; no vemos los 'colores’ del mundo, vivimos nuestro espacio cromático”.
La naturaleza está compuesta por procesos y no por objetos, y estos procesos son acontecimientos dentro de la esfera de la descripción de un observador. Por tanto, cuando examinamos más de cerca cómo es que llegamos a conocer este mundo, siempre nos encontramos con que no podemos separar a nuestra historia de acciones –biológicas y sociales– de cómo nos aparece ese mundo. Es tan obvio y cercano que es lo más difícil de ver. En otras palabras, nunca lo que uno ‘ve’ o ‘percibe’ como observador puede resultar equivalente a la totalidad de fenómenos perceptibles en un momento y lugar dado; y, por empezar, el ‘aparato perceptor’ no se aparta más que a los fines del lenguaje del ‘medio externo’ percibido. Así es como las impresiones que recibimos de nuestro entorno no sólo dependerían en gran medida de la naturaleza del estado eventual de nuestro propio aparato sensorio, sino que a la vez el mismo entorno que deseamos considerar resulta modificado por nosotros, y por los instrumentos de medición utilizados para tal observación (ver Figura 1). De igual modo la sustancialidad es un concepto puramente mental que se corresponde con el efecto directo que los objetos producen sobre nuestro sentido del tacto, en palabras de Jeans. “Esta situación especial de conocer cómo se conoce resulta tradicionalmente elusiva para nuestra cultura occidental centrada en la acción y no en la reflexión, de modo que nuestra vida personal es, en general, ciega a sí misma. En alguna parte pareciera haber un tabú: ‘Prohibido conocer el conocer’. Pero en verdad el no saber cómo se constituye nuestro mundo de experiencias, que es de hecho lo más cercano de nuestra existencia, es un escándalo. Hay muchos escándalos en el mundo, pero esta ignorancia es uno de los peores” expresan Maturana y Varela. En sí es un tanto vertiginoso pensar en usar el instrumento de análisis para analizar el instrumento de análisis como pretendiendo que un ojo se vea a sí mismo. Tomar conciencia de este proceso implica dejar de lado nuestra actitud cotidiana de tratar a nuestra experiencia con un sello de indubitabilidad, como si reflejara un mundo absoluto. Así es como Kant llegaba aun más lejos en esta cuestión acerca de sujeto-objeto diciendo con una total resignación que no podemos saber nunca nada de la “cosa-en-sí”.
Así, cuando hablamos sobre la percepción, el operar del sistema nervioso, la organización del ser vivo y su conocimiento autoconsciente nos estamos refiriendo a una misma unidad operacional indisoluble. Maturana y Varela afirman que nuestras percepciones conscientes, aunque las diferenciemos en categorías tales como “sensoriales” o “espirituales” (de los sentidos, sensaciones, emociones, pensamientos, imágenes, ideas), fisiológicamente son siempre una expresión de la dinámica estructural del sistema nervioso en su presente, operando en el espacio de lo que llaman las descripciones reflexivas (dentro de la dinámica social del lenguaje). Esto a su vez ocurre en un medio que se encuentra unido al individuo que percibe (Figura 1).
Figura 1: un organismo integrado al medio que percibe. Unificación sujeto-objeto, el medio como extensión del propio sistema nervioso perceptor y a la vez un lado oscuro que permanece oculto para el observador (Imagen tomada del libro El árbol del conocimiento de Humberto Maturana y Francisco Varela).
Así es que toda percepción que traemos a la conciencia la hacemos surgir a través de la descripción reflexiva sobre tal fenómeno, y por ello percepción y pensamiento son operacionalmente lo mismo en el sistema nervioso. En el pensamiento lo que tenemos son ideas. No existen libros, alumnos, docentes, tesis, mucho menos verdades científicas. Lo que tenemos son ideas, sólo ideas acerca de lo que son los libros, alumnos, docentes, tesis, y lo que podemos creer como verdades científicas. Teniendo en cuenta este hecho, pierden total sentido las dicotomías tales como “espíritu vs. materia”, o “ideas vs. cuerpo”, o “mente vs. mundo físico” ya que todas esas dimensiones experienciales son indiferenciables dentro del operar del sistema nervioso. Así entonces, el mayor peso dado por un observador a uno de los componentes de esta clase de dicotomías, estará sustentado en una mayor o menor estabilidad o constancia perceptual de una de ellas, o por una mayor simpatía o apego emocional (aunque estuviese racionalmente fundamentado) por una de ellas. Tal como lo menciona Carlos Castaneda “solamente estamos alerta a las cosas que conocemos”. Gregory Bateson aplicando la cibernética a la teoría del aprendizaje, llega a conclusiones similares.
Nuestra percepción puede ser 'realista' pero lo es sólo con respecto a un pequeño segmento de la realidad, la realidad consensual, una pequeña selección de cosas que hemos acordado como reales e importantes en un momento y cultura dados. Los sistemas vivos están organizados de tal manera de generar regularidades tanto internas como en el acoplamiento social. Son los pensamientos de los cuales todavía no nos hemos desidentificado los que crean nuestro estado de conciencia, nuestra identidad y nuestra realidad. Ken Wilber llega a estas nociones desde la psicología transpersonal, afirmando que la realidad que percibe cada individuo no es algo objetivo y unívoco, sino más bien constituye la representación de un estado de conciencia, una construcción semi-arbitraria y condicionada por la valoración que el entorno socio-cultural provee, que a su vez genera una sensación de identidad en coherencia con dicha construcción (Figura 2). Así, por medio de una constelación de conceptos, imágenes, fantasías, identificaciones, recuerdos, sub-personalidades, motivaciones, ideas y datos ligados o vinculados a la sensación de identidad independiente que el contexto cultural ha reforzado, se termina configurando la percepción de un individuo, reflejando la realidad percibida el propio estado de conciencia, como afirma Wilber. De esta manera se determina en gran parte no sólo la forma en que el organismo percibe el medio ambiente, sino su conducta general y por tanto su manera de actuar y posicionarse frente a cada decisión.
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