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El Fracaso de la Razón / Capitalismo, elitismo y hermetismo científico. Un sistema que te lleva a “transar”: debate acerca de las implicaciones sociales

Hacer ciencia, le guste a uno o no, es convertirse en un actor social comprometido en la actividad política. El negar la interdependencia de lo científico y lo social es, en sí mismo, un acto político,dando apoyo a estructuras sociales que se esconden detrás de la objetividad científica para perpetuar la dependencia, explotación, racismo, elitismo, colonialismo… Por supuesto que la velocidad de la luz es la misma bajo el capitalismo que bajo el socialismo….Pero si decimos que la causa de la tuberculosis es un bacilo o la explotación capitalista de los obreros, o si decimos que la tasa de mortalidad del cáncer se reduce mejor estudiando los oncogenes o tomando el control de las fábricas –estas cuestiones solo pueden decidirse objetivamente desde determinados presupuestos sociopolíticos. …los científicos, sean conscientes o no, siempre toman partido.

Richard Levins y Richard Lewontin.


¡Levantaos, Jóvenes de la Nueva Era! Dirigid vuestras mentes contra los Mercenarios ignorantes! Porque tenemos Mercenarios en el Campo, en la Corte y en la Universidad, los cuales, si pudiesen, debilitarían la llamada Guerra Mental y prolongarían la Corpórea.

William Blake


...Mientras nos movemos de la economía a la ecología como ciencia gobernante de nuestra era administrativa, nuestra política tendrá que ayudarnos a darnos cuenta de que, más allá de todo presupuesto y límite, lo que realmente cuenta no se puede contar.

William Irwin Thompson


Ahora el reinado de Logos está llegando a su término: la racionalidad a corto plazo que subyace a la forma de civilización actualmente dominante produce más calor que luz, más consecuencias negativas sociales, económicas y ecológicas que resultados positivos y humanamente deseables. Ha llegado la hora de un cambio más: pasar de una civilización de Logos a una de Holos.

Ervin Laszlo


Actúa de manera que tu acción pueda convertirse en una máxima universal.

Kant


   Un cambio de paradigma científico por sí mismo implicaría cambios radicales y muy profundos en muchas esferas de la sociedad. Entre otros, implicaría un cambio de paradigma político-económico. Todo está entrelazado. Por esto mismo es que no hay por qué pensar que las teorías científicas más aceptadas y difundidas actualmente están desvinculados de la hegemonía del poder político-económico reinante. El sistema capitalista es netamente darwinista. Y es a los fines de servir al mismo capitalismo que se fomenta un concepto de evolución en términos de “selección natural”, refiriéndose a ésta principalmente como la “supervivencia del más apto” por medio de la competencia.
   Entramos en una época en la que un Estado autoritario controla los recursos mundiales bajo la dirección de la administración burocrática de la ciencia corporativa. Desde la ingeniería genética de los cultivos a las energías no renovables y contaminantes (con el poder centralizado en reactores nucleares o corporaciones petroleras) obtenemos una clara imagen de la crisis de dirección del sistema mundial que desde fines del siglo XX continúa sin grandes modificaciones hasta nuestros días.
   Innegablemente la ciencia oficial actual no sólo pertenece al capitalismo como sistema global, sino que se comporta como una gran maquinaria extractiva, explotadora, alienante y privativa, todo lo cual contribuye a agravar la situación y no a intentar contrarrestar o mitigar sus efectos nocivos. Cualquier persona que se detenga a pensar y reflexionar sobre el tema llegaría a la misma conclusión. Pero, un alto grado de conformismo se ha arraigado y lo normal es la adaptación sin cuestionamientos sobre este modo de vivir y de hacer científico. Un investigador, desde el momento en que consigue ocupar un puesto en algún instituto de su especialidad, y comienza a cumplir el rol de generador de conocimiento recibiendo honorarios respectivos, padece del aparentemente irremediable efecto colateral que consiste en un alejamiento de todo acto reflexivo en cuanto al fin del conocimiento adquirido, a quiénes son los destinatarios y beneficiarios últimos y cual es la utilidad de ese nuevo conocimiento generado. El grado de adormecimiento es tal que se llega a pagar a las editoriales para que un artículo cuente con el “privilegio” de la publicación. El conocimiento se ha privatizado, cae en pocas manos que contraen el derecho concedido de lucrar con él.
   Al caer en cuenta sobre este funcionar, la mínima reacción como agente partícipe es sentirse genuinamente incómodo. Recibir una beca proveniente de fondos del Estado, siendo que éste negocia con empresas multinacionales ultra-destructivas tanto social como ambientalmente, las cuales obtienen cada vez más derechos para generar un grave impacto en amplias regiones, no tiene mucho sentido. Un estudio científico que apunta al conocimiento de la biodiversidad de un ecosistema, aplicable a su preservación y cuidado, pero que es financiado por quienes explotan, contaminan y ponen en riesgo otros ecosistemas cercanos (directa o indirectamente), involucra al investigador en una situación tan absurda e irónica que más bien parece el sarcasmo humorístico de una tira cómica o de una escena de Los Simpson. Luego uno piensa y recuerda que toda tira cómica está inspirada en el sarcasmo e ironía propios de la vida real y la extrañeza desaparece. Pero crece la conciencia de saber que uno puede elegir alimentar esta maquinaria, fortalecerla y acelerarla, o en cambio intentar frenarla y desenmascarar la satírica farsa. Una fuente de financiamiento tan sucia no puede limpiar su imagen tan fácilmente con un estudio de orientación conservacionista y ambientalista (empleando el mejor sentido de estos términos) abusando del carácter adormecido y conformista de biólogos que sólo piensan en recibir el depósito mensual de la beca en su cuenta bancaria. La destrucción de grandes extensiones de muchos ecosistemas a causa de negociados particulares no puede estar justificada de un modo tan trivial y de manera tan obsecuente con un poder corporatocrático, la situación en sí constituye una gran contradicción.
   En palabras de Andrés Carrasco, lo que estamos viviendo es “la política del conocimiento entendida como mercancía que satisfaga las necesidades de los procesos extractivos e industriales dependientes. Con una clara intención de debilitar el debate universitario dando paso a emprendimientos concebidos para trasvasar recursos no sólo a empresas sino a centros de investigación que adhieren al modelo de la Big Science de clara inspiración empresarial. Un ejemplo de esta política es el CONICET proyectando una inversión de cerca de 600 millones de pesos en construcciones dirigida a la concentración de recursos en los pooles de ciencia a la usanza de los países centrales. Esta lógica busca un cambio definitivo de sentido donde el conocimiento pasa definitivamente a través de reformas estructurales e institucionales a ser controlado por el capital global.”
   Desde hace varias décadas, distinguidos científicos de diferentes disciplinas cuestionan el modo en que la ciencia se encuentra inmersa en el sistema capitalista y por tanto la manera en que funciona y el rol que cumple. Por ejemplo, los biólogos y pensadores estadounidenses Richard Levins y Richard Lewontin, en el capítulo La ciencia como producto social y el producto social de la ciencia (del libro The Dialectical Biologist) ya denunciaban el proceso de mercantilización en el que ahora vemos inmersa a nuestra universidad: “El fundamento económico de la ciencia moderna es la necesidad de los capitalistas no sólo de expandirse horizontalmente en nuevas regiones, sino de transformar la producción, crear nuevos productos, hacer más rentable los métodos de producción. La mercantilización de la ciencia no es sino una parte consustancial del desarrollo del capitalismo, los costes de investigación de largo alcance se socializan cambiando el lugar de trabajo de las empresas individuales por las instituciones públicas como las Universidades (…). Las Universidades y las escuelas técnicas superiores tienen como meta preparar los diferentes grados de trabajo científico al mínimo coste, haciendo del propio proceso educativo un servicio externo de los departamentos de personal de la empresa privada. Esto ejerce una presión sobre los educadores debido a la eficiencia económica –no sobrecualifiques a los estudiantes, concéntrate en lo que necesitan saber (esto es, lo que sus empleadores requieren), acorta la duración de los estudios de grado, consigue más doctorados para el capital”
   Respecto a la vinculación entre los organismos oficiales de investigaciones científicas y empresas multinacionales, refiriéndose al rumbo que está tomando la ciencia en nuestro país, Carrasco afirma: “Es novedoso que el conflicto planteado no gire alrededor de “restricciones presupuestarias” sino como emergente de la política oficial de formación de recursos humanos diseñada para satisfacer las demandas de modelos transnacionales que requieren determinado tipo de profesionales doctorados. ¿Se tendrá en cuenta que el sector privado capaz de absorber saberes funciona como una “maquiladora” para tener ingenieros armando computadoras, y biólogos haciendo control de calidad en procesos productivos estandarizados? Mano de obra gratis –pagada por el Estado– para la demanda de la góndola global. Las “maquiladoras” condicionan planes curriculares y requerimientos tecnológicos (como lo hace Monsanto y Syngenta en la carreras de ciencias agropecuarias) para sostener planes de negocios diseñados en otras partes del planeta. Pero también para fortalecer el relato del “progreso” que ocluya el debate sobre el sentido de un modelo de desarrollo que profundiza la dependencia. (…). Es una etapa del capitalismo que necesita instituciones productoras de conocimiento endogámicas, con discurso único, indefensas, carentes de sentido crítico, obsecuentes en la celebración del discurso oficial y dispuestas a satisfacer al poder de turno y a las lógicas de la globalización hegemónica. Qué mejor y más fácil que comenzar con el CONICET.” Y parece que llegar a la verdad de nuestra realidad es lo último que las fuentes de financiamiento quieren ver que suceda en los sagrados recintos de la academia.
   Afirma Bateson: “el sistema educacional es deficiente y transforma en científicos profesionales a hombres a los que les importa poco de la estructura fundamental de la ciencia”. Y aunque con ello se refiere más a una ceguera epistemológica en la que se encuentran la mayoría de los doctorandos que terminan siendo investigadores (de los cuales, a la vez, muchos pueden llegar a ser muy prestigiosos), cabe en estos tiempos poner cierto énfasis en el desinterés por cómo se articula la práctica científica en la construcción social, es decir a su rol político, estando esto además estrechamente vinculado a dichas falencias epistemológicas. Es así como en los días que corren, para ser productivo en ciencia no se necesita tener demasiado talento, lucidez, creatividad, ni tampoco ser demasiado inteligente, sólo se necesita ser obediente. De hecho, los atributos mencionados podrían entorpecer la productividad científica y la publicabilidad de los artículos generados.

   Por otro lado, algo que en su simpleza llevaría a cualquier persona mínimamente reflexiva a replantear la importancia y utilidad de la ciencia actual es el hecho concreto de que todo conocimiento generado queda puertas adentro de manera sistemática. Esto se debe principalmente a que el sistema científico alienta la publicación en revistas indexadas de ‘alto impacto’ (Journals de editoriales extranjeras que publican en inglés), provocando que todo lo generado termine en un “circuito cerrado” sin llegar al acceso común de toda la gente. Al estar este conocimiento fuera del alcance de la población general, el desconocimiento (o ignorancia total) que se posee respecto a ciertos temas de urgente relevancia es alarmante. Toda activación de cambios organizativos necesarios para poder mejorar el funcionamiento de alguna esfera de la sociedad se facilitarían al contar con los avances en el conocimiento sobre el tema en cuestión. Esto, a la vez, podría parecerse más a un feedback, un ida y vuelta entre visiones y experiencias conjuntas e individuales de diversos sectores, que a una bajada unilateral del tipo “nosotros los científicos somos los que sabemos”. Por ejemplo, en el estudio de la presente tesis, sería fundamental que los ganaderos estén al tanto sobre los efectos nocivos que ocasiona el ganado sobre el ecosistema de las Sierras Grandes de Córdoba, y que estén informados sobre la disminución de la capacidad del suelo de sostener vegetación o de favorecer el aprovechamiento del agua que produce, y que por tanto también disminuye la propia capacidad del ecosistema de seguir sosteniendo la práctica ganadera (además de las múltiples especies vegetales y animales que están en riesgo a causa de ello). La divulgación hacia los agentes responsables sería primordial pero no existe un organismo del Estado que se encargue de tal fin, ni que haga de nexo entre diferentes sectores sociales y regionales, no está destacado como una prioridad, y no está contemplado como responsabilidad que un actor científico debe cumplir para adquirir mayor mérito académico, sino todo lo contrario. CONICET premia mediante mayor número de créditos, lo cual se traduce como una mayor competitividad (darwiniana) en el sistema, el hecho de emitir mayor número de publicaciones. Esto provoca que la cantidad de atención, tiempo y energía destinados por los investigadores a actividades de extensión o divulgación y difusión de sus resultados o descubrimientos sea escasa o nula. Una imagen ilustrativa: la mayor proporción de la gente que transita por las veredas del edificio de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales sobre la esquina de Velez Sarsfield y Duarte Quirós de la ciudad de Córdoba no tiene la menor idea del trabajo que realiza un biólogo adentro del edificio. ¿Cuál es el sector de la sociedad que lee los papers o artículos científicos que uno como investigador genera? Respuesta: otros científicos que trabajan en un área de la ciencia vinculada al tema específico del artículo en cuestión, cuyo interés principal es tener una cita bibliográfica en su propio artículo. Esto además crea más y más lenguaje y jerga técnica que es específica haciendo que sólo los especialistas en cada tema puedan llegar a fondo con el contenido de las publicaciones y alejando a cualquier otra persona del entendimiento de los resultados de los estudios. El exceso de la investigación se encuentra en las zonas "seguras" –producir nada sino papeles.
   Todo indica que nos encontramos en un punto crucial en el que no nos podemos dar el lujo de seguir destinando energía y tiempo en asuntos que no son prioritarios. Dentro del ejemplo personal: ¿aporta algo estudiar durante 5 años si la erosión de las Sierras Grandes afecta a la biodiversidad cuando es una obviedad y lo que se necesita hacer es detener la erosión?
   La sustancia base del modo actual de funcionamiento del sistema científico es en sí un coctail letal de la conformidad del que participamos, siendo conscientes de ello o no, al contribuir más y más como engranajes de esta máquina que más bien parece una topadora que se dirige, sin titubear, directo a un precipicio.

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