El Fracaso de la Razón / Materialismo mecanicista y determinismo biológico en detrimento del desarrollo del ser y de la consciencia
Un antiguo proverbio chino sugiere que los místicos entienden las raíces del Tao, pero no sus ramas; los hombres de ciencia entienden las ramas, no las raíces. La ciencia puede no necesitar del misticismo, y el misticismo puede no necesitar de la ciencia; pero el ser humano necesita de ambos para penetrar en el Tao.
Fritjof Capra
Las leyes de la naturaleza pueden ser más como hábitos, no son algo fijo, sino que pueden evolucionar.
Rupert Sheldrake
El arte no tiene por objeto dejar obras que el tiempo deteriora sino crear artistas en todos los hombres, y despertar en el hombre común el genio dormido.
Friedrich Nietzsche
De lo que no podemos hablar, es preciso que callemos.
Ludwig Wittgenstein
En mi opinión, las leyes a las que obedece la naturaleza sugieren menos aquellas a las que obedece el movimiento de una máquina, que aquellas a las que se ajusta un músico al componer una fuga, o un poeta al componer un soneto.
James Jeans
La única cosa realmente valiosa es la intuición.
Albert Einstein
Bajo el paradigma científico que venimos acarreando desde el siglo XVII, existe el peligroso riesgo de caer en el materialismo mecanicista (y dialéctico también) desde la ciencia, tal como de hecho ya está sucediendo. Leucipo y Demócrito (en contraposición a la visión de Platón) ya habían instalado en el pensamiento la filosofía materialista que, posteriormente al surgimiento de una ciencia basada en esta concepción, traerían los cambios políticos ocurridos durante los siglos XIX y XX. El mecanicismo y el materialismo van de la mano con el sistema capitalista y es esa visión del mundo la que está llevándonos a destruir nuestro ambiente. Hoy existe una alta proporción de la sociedad que por no sucumbir a la alienación que ejercen las grandes religiones institucionalizadas terminan por negar toda experiencia mística, todo acercamiento al nivel de percepción sutil de “lo sagrado”. De ese modo se adentran en el cientificismo a ultranza, un positivismo sin precedentes que no termina siendo otra cosa que un nuevo fanatismo religioso enceguecedor basado netamente en la razón y la lógica. Así, la Ciencia con C mayúscula adquiere un status jerárquico de gran magnitud en la sociedad. Los Científicos que lo sostienen creen en ella como la única fuente de conocimiento verdadero. Demasiado raciocinio, abuso del método científico y negación de todo lo que no provenga de dicho método (o de fuentes tangibles por los cinco sentidos ordinarios) dan como resultado un alejamiento de la percepción directa, de la intuición, de la duda acerca de lo preestablecido culturalmente y de toda experiencia mística. Continuar por esa vía sólo puede lograr que sigamos chocándonos con nuevas paredes construidas por nosotros mismos frente a nuestra potencialmente infinita percepción.
En una experiencia mística se aprehende directa o inmediatamente la Realidad sin ningún tipo de intermediario, ni de elaboración simbólica, conceptualización o abstracción alguna. El sujeto y el objeto se unifican en un acto fuera del espacio y del tiempo, que trasciende todas las formas posibles de mediación. Todos los místicos (y esto incluye a muchos físicos importantes en la historia de la ciencia, citados en este texto) hablan universalmente de contactar la realidad en su mismidad, en su entidad, en su taleidad, sin ninguna clase de intermediarios, más allá de las palabras, los símbolos, los nombres, los pensamientos o las imágenes. Einstein, afirmaba con mucho énfasis que el método científico es incapaz de enseñarnos nada por encima y más allá del modo como los hechos están relacionados y recíprocamente condicionados entre sí.
El rol que cumple la ciencia dentro de una sociedad que considera a ésta como la fuente de conocimiento digna de mayor respeto y poseedora de una mayor credibilidad, objetividad y transparencia que cualquier otra fuente es muy peligroso. A través de sus postulados y teorías se construye y se dirige literalmente el mundo en el que vivimos. Se aceptan o se rechazan argumentos o evidencias en función de si la ciencia oficial los acepta o no. Importante arma de doble filo es también nuestro papel y desempeño a la hora de reflexionar, defender o refutar, o al menos cuestionar, teorías preestablecidas y ampliamente aceptadas. Así, como expresa Stephen J. Gould en La falsa medida del hombre, “el determinismo biológico (…) consiste en afirmar que tanto las normas de conducta compartidas como las diferencias sociales y económicas que existen entre los grupos –básicamente diferencias de raza, de clase y de sexo- derivan de ciertas distinciones heredadas, innatas, y que, en este sentido, la sociedad constituye un reflejo fiel de la biología”. Así también, la sociobiología, rechaza el valor ontológico del individuo. El individuo es solamente un recipiente para “genes egoístas” y todo valor se encuentra en el conjunto genético. Esta visión de la organización de las partes dentro del todo es la visión del mundo de una sociedad tecnocrática, una forma de apología a esta gestión, al igual que la percepción de Darwin de la lucha para la supervivencia era una expresión de la visión del mundo de una sociedad industrial. Dado que el científico individual no puede contener por sí mismo toda la información de la ciencia, la Ciencia llega a ser más importante que el científico. Así, la Ciencia puede devenir en una suerte de “Dios moderno” llenando huecos o vacíos de conocimiento considerados necesarios para comprender nuestro origen, la evolución, la vida y el Universo. Experimenta una apoteosis que la eleva por encima de la mente creativa individual del científico, y el Método Científico se canoniza y ‘santifica’ teniendo esto muy poco que ver con la forma real en que los científicos humanos individuales hacen descubrimientos e inventan teorías nuevas. Esto lleva inevitablemente a cuestionarnos acerca de nuestra propia evolución, lo cual implica por tanto la evolución de nuestra sociedad y de nuestra cultura. ¿No deberíamos como mínimo comenzar a hablar sobre la evolución de la consciencia?
Indicios de que algo está comenzando a cambiar empiezan a hacerse visibles desde algunos sectores de la ciencia, los cuales celebran cuando se comprueba metódicamente un postulado místico, siendo que durante siglos se dedicó a descalificarlos. En palabras de Ilya Prigogine, premio Nobel 1977 por la elaboración de una teoría que describe las transformaciones que tienen lugar en ciencias físicas y en la sociedad, donde se subraya el papel del estrés y de las perturbaciones como desencadenantes de un nuevo orden a un nivel superior: “Estamos en un momento apasionante de la historia, tal vez en un punto decisivo de giro.”
Pero todo adelanto y nuevo conocimiento no es un avance si se lo enfoca desde los conceptos limitantes de los viejos paradigmas, sino que significan más datos decorativos a una visión ya caduca perteneciente a una práctica científica que entretiene y obnubila pero no aporta demasiado al olvidar que sencillamente no puede más que estudiar la materia desde la materia misma. Por ejemplo, estudios en física realizados recientemente en el CERN (La Organización Europea para la Investigación Nuclear) mediante experimentos con el LHC (“Large Hadron Collider”: gran colisionador de Hadrones), se habla de haber hallado los famosos bosones de Higgs, ‘la partícula de Dios’. No es un dato menor mencionar, por empezar, que la financiación de estos experimentos está apoyada por muchos gobiernos de las potencias económicas mundiales, teniendo en cuenta que no existe gobierno alguno con inclinaciones filantrópicas. En cuanto al experimento en sí, no deja de ser interesante y apasionante la idea de poder "capturar" esta partícula, que en este caso sería un descubrimiento diferente a los anteriores ya que se supone que los bosones de Higgs se desprenden de un campo que estaría implicado en el mecanismo que hace que distintas partículas experimenten diferente inercia (operaría otorgándoles masa). Una forma de alcanzar la energía capaz de producir perturbaciones detectables del campo de Higgs es acelerar dos haces de protones, en direcciones contrarias, a una velocidad próxima a la de la luz, y hacerlos chocar, provocando la completa desintegración de las partículas que participan en la colisión (los quarks y gluones de los que están hechos los protones). La energía de la colisión se transforma en nuevas partículas (ya conocidas) que se alejan del punto de interacción a velocidades próximas a las de la luz. El acelerador LHC es capaz de acelerar grandes cantidades de protones y hacerlos colisionar en puntos de interacción muy precisos en torno a los cuales están situados los detectores de partículas… Como sea, de todos modos, más allá de cual fuera el resultado de experimentos de estas características, la comprobación de la teoría de un campo unificado y una inteligencia inherente a todo lo que nos rodea no podría llegar nunca por medio de seguir colisionando partículas cada vez con mayor energía, velocidad, costo (en millones de dólares) publicidad en los medios de comunicación oficiales y parafernalia científica mainstream. Desde un cambio de paradigma hacia una noción de Unidad un experimento como este no tiene ya ningún sentido y los fondos, esfuerzos, tiempo y dedicación se dirigirían en mejorar las condiciones de vida en este planeta e intentar lograr una mayor armonía antes de que lleguemos a un punto de no retorno. Tratar de entender el funcionamiento del Universo al crear la materia estudiando sólo la materia es seguir alimentando una Ciencia del Marketing que deslumbra con su mundo de fantasías. Zondeando la Mente Omnisciente dentro de cada uno es como pueden hallarse muchas más respuestas. Pero, en fin, este es el mundo de las quimeras y los fuegos artificiales… ¡salud! ¡chin chin! ¡champaña y llaveros con la partícula de Higgs para todos!
Si abordáramos este tema con la profundidad que merece no podríamos negar que los sabios hinduistas y desde otras culturas antiguas estaban ya conscientes de que existe una realidad profunda en el cosmos, una realidad que podría llamarse campo akáshico (con su orígen en la filosofía védica y como gusta de llamarle Laszlo en su libro Science and the Akasic Field), o con el nombre que sea, pero que conecta y crea coherencia, uniendo los campos gravitatorio, electromagnético y de Higgs con los campos nuclear y cuántico como una característica fundamental del Universo conocido. Abordado paralelamente tanto desde la inventiva de Nikola Tesla como por físicos más contemporáneos como David Bohm y Harold Puthoff.
Existe infinidad de información que se encuentra sistemáticamente oculta para la sociedad actual, mucha de la cual aun no ha despertado en nuestra consciencia y por tanto no podemos verla ni considerarla real, y aun no ha sido explicada desde la ciencia por provenir de ámbitos escasamente abordados por ésta, pero que vibra en arquetipos presentes en todas las culturas milenarias o prácticas esotéricas como la astrología, el tarot, los mitos antiguos, etc. Sin ir más lejos, en la simbolización arquetípica que emplea la astrología, si tomáramos la representación energética de los planetas, la mente racional del pensamiento corresponde a Mercurio, sin estar, al mismo tiempo, de hecho circunscrito a reglas de la lógica o pautas limitantes ya que en los mitos se lo conoce como “mensajero de los Dioses”. Pero, existen muchos otros arquetipos y todos ellos responden a alguna función de nuestro espectro energético, así (resumidamente) Venus simboliza los valores, Urano sería un no-arquetipo ya que representa lo singular, lo no esperado y la intuición, algo similar ocurre con Neptuno que encarna al Dios de los océanos Posseidon y también los sueños y estados oníricos y la imaginación, etc. Todos los arquetipos se encuentran presentes en cada persona, sólo que la activación o inhibición de algunos de ellos depende del grado de consciencia que cada uno haya alcanzado. Bajo las premisas estrictas de la lógica, el determinismo, el mecanicismo y el materialismo sólo estaríamos empleando tan sólo una porción reducida del arquetipo Mercurio (más algunos aspectos bajos de Saturno y la Luna) y desplazando los demás arquetipos con las potencialidades que significan para cada ser humano. En términos de hemisferios cerebrales, estamos potenciando y elevando el valor del hemisferio izquierdo por sobre el derecho. En otros casos se trata de evidencias físicas bien concretas, como restos arqueológicos que no encajan con la historia oficial mainstream y por tanto tiende a ocultarse y difícilmente llegamos a saber de su existencia. Antonin Artaud enunciaba que la captación de una realidad última se logra mediante una comunicación directa del ser con el mundo, rehusando la mediación de los esquemas rígidos que nos ofrece el conocimiento oficializado (la ciencia formal), y que no nos ponen en contacto con la realidad misma sino con una abstracción. Hacía referencia también a la necesidad aun vigente de una reconciliación con el espíritu y lo sobrenatural “porque lo sobrenatural es la razón de ser del hombre, y éste ha traicionado lo sobrenatural”, decía Artaud. Quizás toda la historia no signifique más que la lucha entre los que buscan superar la condición del hombre en una marcha a una meta sobrenatural, y sus enemigos, aquellos que ansían reducir el hombre a la más baja condición posible, argumenta Aldo Pellegrini al respecto. Aunque tal vez esta idea de lucha se resuelva considerando los extremos opuestos como complementarios de una unidad mayor que contiene a ambos.
La ciencia tal como la conocemos hoy está exigiendo un nuevo concepto del mundo que no sea fragmentario, que no consista en analizar separadamente las diferentes partes que constituyen el mundo. La naturaleza general de la realidad es hoy y desde milenios en diferentes culturas entendida como totalidad indivisible. Sólo en occidente recién está empezando a resurgir esta noción, la visión de un ser planetario, una célula en la que nosotros como individuos somos orgánulos simbióticos relacionados los unos con los otros. No puede haber ningún “nosotros” y “ellos” por separado, más bien un “nosotrosyellos”. Sin embargo, esta visión no debería transformarse en un nuevo dogma que atenta con ser ‘objetivo’, sino que podría ser abordada desde la intersubjetividad. Es decir, remover de nuestros intentos por comprender el mundo la idea de que existe una única mirada objetiva a la que todo descubrimiento y todo dato tomado debe adherir. A cambio, integrar los miles de planos subjetivos que hacen a la totalidad como unidad construida por todos ellos. Comprender de donde proviene esa diferente mirada que cada uno trae a este mundo nos ahorraría muchas discusiones superficiales sobre la máscara milimétrica de la realidad que estamos mirando. Podemos seguir desmenuzando cada milímetro de máscara, pero sin olvidar su naturaleza como tal, limitada y poco profunda, de la cual además, cada uno se enfoca desde un ángulo diferente para observarla. Después de todo, aunque intentemos impedirlo, nuestra identidad renunciará a nosotros. Es necesaria, por tanto, una aceptación del valor de la subjetividad y de construir el conocimiento a partir de una gran red de intersubjetividades conscientes, sólo así puede haber finalidades para el bien común. De hecho actualmente el conocimiento científico se construye de un modo en el que la intersubjetividad de muchos postulados subjetivos se relacionan construyendo los paradigmas teóricos vigentes en constante transformación. Pero, sucede que por lo general, en lugar de consistir en un amplificador de los niveles de consciencia sobre la realidad termina siendo sólo un dogmatismo lleno de reglas restrictivas que limitan la percepción. Es destacable que ciertas cosas no pueden sistematizarse desde un enfoque acotado, y hay que reconocer esos límites huidizos y poder expresar: “Mi explicación llega hasta acá”. ¿Pero cuantos lo hacen o siquiera son plenamente conscientes de ello? ¿Cuántos científicos ponen en práctica en su hacer diario el hecho crucial de que no hay objetividad posible? Si esa premisa fundamental hubiese sido el puntapié inicial para toda práctica científica desde el pasado siglo hasta la actualidad, hoy el ámbito académico y científico no alimentaría la noción de una “Visión Superior” Por el contrario, hoy presenciamos el hecho de que abstracciones como ‘especie’, ‘conjunto de genes’, etc., se materializan y no se consideran simplemente procedimientos descriptivos del observador. Así, el mundo de la Ciencia es un mundo de fragmentos rotos y abstracciones quiméricas mayormente apartado de los procesos orgánicos de la vida en una ecología, aunque uno se encuentre siendo un investigador de la disciplina que lleva su nombre.
Algunos ejemplos puntuales proponen una epistemología más sofisticada que a la vez resulta acorde a una visión menos limitante, como la autopoyesis de Maturana y Varela, y la teoría cuántica de Heisenberg, quien observó que no existe una “ciencia de la naturaleza” sino que tenemos una ciencia de los conocimientos del hombre sobre la naturaleza. No vivimos en la realidad, vivimos en una serie de descripciones de la realidad. Como ya se expresaba en secciones anteriores de este texto, la “realidad” es una construcción. Por ello, por consenso podemos elegir un método y aplicarlo y estar todos de acuerdo en que si seguimos ese método nos va a dar UNA respuesta, pero si desde allí comenzamos a creer que esa es “La Respuesta” caemos en un grave error, porque el método adoptado es sólo uno de tantos posibles y representa un constructo más de nuestras ideas y nuestra mente, por tanto es subjetivo, arbitrario y hasta miope. La ciencia se desarrolla también a partir del principio de falsacionismo y eso es muy importante. Que sea falsable y que lo pueda (o no) verificar otro observador, repetir la experiencia es fundamental. Pero, de nuevo, desde un enfoque “objetivista” y utilizando un método como receta restrictiva las posibilidades de ruptura de lo establecido, para así abrirse a lo nuevo, se reducen.
Esta falsa visión objetiva está tan internalizada en nuestra vida cotidiana que hasta de los informativos televisivos o gráficos nos llega el mensaje de “esto es lo que está pasando”. Bajo nuevos principios filosóficos los medios de comunicación podrían empezar a reconocer y comprender su papel como sistema nervioso del cuerpo político de la familia humana, y así dejar de condicionar la percepción de los habitantes del mundo. Y si los medios son el sistema nervioso, la economía global equivaldría al metabolismo de un ser, el cual en estado de buena salud se encuentra en perfecto equilibrio con el medio, pero por el contrario en su falta de ecología digestiva deglute más de lo que le corresponde y ese es su estado actual. Como afirma Gregory Bateson en su ensayo Los efectos del Propósito Consciente sobre la Adaptación Humana, “el objetivo consciente de una sociedad, expresado en sus políticas económicas, tiene muy poco conocimiento de su vida biológica dentro de un entorno. Los economistas describen la estructura consciente de una sociedad con el lenguaje racional de la medición cuantitativa, y a esta descripción consciente se llama Producto Nacional Bruto. El proceso inconsciente, la vida real de la cultura dentro de una ecología, es periférico al sistema de valores y sólo se experimenta como contaminación incidental. Es paradójico el hecho de que, aunque el PNB sea invisible y la contaminación muy visible, la abstracción se considera la realidad concreta y la experiencia sensorial se aleja a los márgenes de la sociedad, donde la recogen elementos marginales, como los artistas, los filósofos y generalmente los no afectados. Los políticos intentan resolver problemas de hoy aplicando recetas de ayer en un mundo en constante cambio, y así sólo los poetas, artistas y escritores de ficción se convierten en los transmisores sensibles de las implicaciones del presente.” (Figura 3).
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